domingo, febrero 27, 2005

And the winner is...

Las cabezas giraron para admirarlo. Murmullos ambiguos de uhs y ahs se escucharon en la multitud de fans. Los flashes de los paparazzi enloquecieron. Millones de televidentes quedaron estupefactos. Un estridente aplauso, más sonoro que con los que recibieron a Leonardo DiCaprio y a Jamie Foxx, lo acompañó en su recorrido por la alfombra roja. La animadora de la antesala de la entrega de los Annual Academy Awards le espetó la pregunta que todos querían escuchar: ¿Y quién diablos lo viste a usted, Miguel Arcángel? Él, por supuesto, no contestó y se alejó volando.

© José Oquendo

La tele sigue encendida

Cuando el ensayo James Purdy: The Novelist as Outlaw, escrito por Gore Vidal para The New York Times se está poniendo bueno, CBS News interrumpe al especialista en renovaciones al hogar Bob Vila, para dar un informe urgente. Mi corazón sobresalta. Murió el Papa o nos atacaron de nuevo, una de dos me digo, y se me cae el cigarrillo sobre la alfombra. Para mi sorpresa y alivio de la ansiedad que por unos segundos me arropa, el locutor dice: "Sorprendiendo a todos el Papa ha saludado por la ventana de su cuarto en el Hospital Gemelli donde convalece...."

Miro la tele, que ha estado acompañándome desde las cuatro cuando me levanté a leer para alimentarme de letras antes de escribir algo este domingo, ahí está Su Santidad bendiciendo desde la ventana a la multitud que se reune desde hace días a las afueras del centro médico, que es lo mismo que decir a los millones que siguen por la televisión su recuperación después del segundo ataque de influenza y la traqueotomía que le hicieron para ayudarlo a respirar.

A pesar de que hace mucho dejé de ser católico, apostólico y romano, para convertirme en agnóstico, secular e hispano, comparto la expectación de su muerte con millones. Espero lo que muchos en el mundo anticipan, como obedeciendo ciegamente a la manipulación informática con la que somos bombardeados constantemente, y que me obliga a la digresión, alejándome del hilo inspirador del discurso establecido, si es que tal cosa existe, y me sumerje en tópicos inesperados, como este. Vienen así de sopetón, por la tele o por el radio.

Y todo por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa, pues no me imagino leer o escribir sin la tele puesta, bajita eso es, acompañando mis silencios. Mala costumbre la mía: nunca he pensado en escuchar sinfonías clásicas, música de ascensores o abrazar al silencio mientras leo o escribo. Mucho menos escuchar reggaetón en la Mega, que me alejaría de la computadora y me pondría a bailar a estas horas tempranas.

Total, que terminé con Gore Vidal y leí algunas reseñas que sobre las obras del novelista Purdy presenta NYT online. Me preparé café, leí algo de la revista Domingo de El Nuevo Día, me fumé otro cigarrillo y aquí estoy, escribiendo esta nota.

Luego terminaré de leer el libro Desencuentros, de Edmundo Paz Soldán, y escribiré una reseña, que espero sea la primera que de estos dos libros de relatos en uno, publique Amazon.com.

Ese es el plan, antes de pasarle aspiradora a la alfombra mugrosa e ir a lavar los uniformes de trabajo, que como ven puede o no ser interrumpido por las noticias que nos llegan de Roma o de más cerca. El primer plan, el de ver por fin en su último día antes de ser desmantelada la exhibición anaranjada de The Gates en el Parque Central, ha sido descartado. Hace frío y se acerca una tormenta invernal, la segunda en una semana.

La televisión sigue tan encendida como mi enésimo cigarrillo, apretado entre mis dedos. Por si acaso.

© José Oquendo

lunes, febrero 14, 2005

Mis libros de 2004

Los libros que he leído en 2004 han causado una reacción en cadena inevitable: me han llevado a leer otros de sus autores u otros leídos con anterioridad. Presento aquí los que leí con más entusiasmo y de los cuales he escrito reseñas para Amazon.com.

1- Delirio, Laura Restrepo - Me atrajo la lectura de la crítica, y posiblemente me llevará a releer su novela La novia oscura, que nunca terminé.

2- La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón - Extraordinaria narrativa que me llevará a estar pendiente de sus nuevos libros.

3- Ensayo sobre la lucidez, José Saramago - Me condujo la lectura previa de Ensayo sobre la ceguera, y a comprar, aunque no empezar, La caverna, y Todos los nombres.

4- Memorias de mis putas tristes, Gabriel García Márquez - Gabo es Gabo, este año terminé de leer su Vivir para contarla, y me llevó a revisitar Veinte cuentos peregrinos y Amor en los tiempos de cólera.

5- El Baile de la Victoria, Antonio Skármeta - Esta obra me llevó a leer El cartero de Neruda y Neruda en Skármeta.

6- El fuego de Changó, Ernesto Quiñonez - Me llevará eventualmente a leer El vendedor de sueños y a prestarle más atención a otros autores latinos neoyorquinos, como Nelly Rosario, Ernesto Mestre-Reed, Jaime Manrique y un prometedor boricua Eric Jackson.

7- Mi hermano el alcalde, Fernando Vallejo - Me llevó hasta allí La Virgen de los sicarios y el Desbarrancadero.

8- El Huracán lleva tu nombre, Jorge Bayly - La literatura gay latinoamericana ha madurado y aquí hay un buen exponente. Del peruano también leí No se lo digas a nadie.

9- Rosario Tijeras, Jorge Franco - El debut en la imprenta estadounidense de esta edición dió a conocer a Franco por estos lares. Así leí a Paraíso Travel y Maldito Amor. Me condujo a leer otros títulos de la nueva cosecha, como Amores imperfectos, del boliviano Edmundo Paz Soldán.

10- Inquieta Compañía, Carlos Fuentes - Me llevó a considerar Contra Bush y revisitar a Los años con Laura Díaz.

Actualmente leo Diarios de motocicleta, edición especial del libro de Ernesto "Che" Guevara, que inspiró la película. De paso, mañana 15 de febrero saldrá a la venta el DVD de la misma y espero conseguirlo en el Tower Records de Carle Place. Demás está decir que escribiré reseñas de ambas obras.


Entre otros libros obtenidos en 2004 se encuentran Mi vida (Bill Clinton), Ficciones (Jorge Luis Borges), Soledad en tres tiempos (primer poemario de la poeta compueblana boricua y residente en Connecticut, Marta Ramos o Marta Soledad, como se hace llamar), La Reina del Sur (Arturo Perez Reverte), Andamios (Mario Benedetti), Crímenes Imperceptibles (Guillermo Martínez), Once Minutos, El Alquimista, y Veronika decide morir (Paulo Coelho), Veinte años y un día (Jorge Semprún), El vuelo de la reina (Tomás Eloy Martínez), Pedro Páramo (Juan Rulfo), y La ola latina (Jorge Ramos).

Entre los libros en inglés, aparte de varios de texto, obtuve, leí o he comenzado Rag and Bone, y The hidden Law (Henry Ríos), A cause to kill for (Eric Jackson), The known world (Edward P. Jones), Dreams from my father (Barack Obama), God's Politics (Jim Wallis), Loosing my espanish (H.G. Carrillo), y Days of Obligation (Richard Rodríguez). Por su fuerza narrativa me causó buena impresión el primer libro de una autora norteamericana, Laurie Lynn Drummond: Anything You Can Say Can and Will Be Used Against You.

Sí he comprado muchos otros, pero no me animo a leerlos. Entre ellos el famoso Código Da Vinci (Dan Brown) e Hija de la fortuna (Isabel Allende), que siguen agarrando polvo en la estantería.

En el futuro colocaré en este blog algunas de las reseñas de libros arriba mencionados.

© José Oquendo

sábado, febrero 05, 2005


Central Park, NYC, Verano, 2004 Posted by Hello

Mill Neck, NY, Otoño, 2001 Posted by Hello

Hempstead, NY, Noviembre, 2001 Posted by Hello

Freeport, Otoño, 2001 Posted by Hello

Desde mi ventana, febrero, 2004 Posted by Hello