domingo, marzo 27, 2005

La Pesadilla

Desde la majestuosa puerta de la catedral de estilo gótico y proporciones armoniosas podía verse en contraposición, sin mucho esfuerzo y a una cuadra al norte, un edificio comercial moderno, con esqueleto de acero y piel de cristales ahumados. Hace muchos años, como turistas comunes, mi cuñado, maestro de construcción en un pueblo del centro de Puerto Rico, y yo, arquitecto frustrado, tomamos fotos de varios ángulos de tan monumental ejemplo de arquitectura eclesiástica. Recuerdo que una las fotos esbozaba la silueta oscura de la entrada de granito enmarcando las estructuras de la cosmopolita y variopinta Quinta Avenida. El número del edificio era 666. Visto desde la Catedral de San Patricio, éra motivo de curiosidad de algunos prestos a asociar ideas. Mi cuñado, de fe evangélico, es uno de ellos. A él se le ocurrió aquella toma fotográfica, de la cual me había olvidado hasta esta madrugada, cuando me desperté incómodo para sacar de entre las sábanas la novela La sombra del viento y un viejo álbum fotográfico donde aparece la vieja y amarillenta foto donde ahora el edificio ya no tiene el 666 en su fachada y bajo la puerta de la catedral, aparece la figura de un hombre, vistiendo como vistió el personaje antagonista de la novela de Carlos Ruiz Zafón. Bajo el sombrero que oculta su deforme y luciferina facha, fumando está un cigarrillo de humos azulados entre las sombras del que ahorita me llega su olor inconfundible por la ventana abierta a la primavera mañanera. Al despertar del sueño del que creí haber despertado, desperté de la pesadilla y escribí esta nota.
Posted by Hello

1 Comments:

Blogger Manuel Armando Clavell said...

Dos indiecitos ochilipochili y una cámara, un edificio sobreviviente al bombradeo de la segunda mundial y un ligón que se cuela por los sueños diabólicos 666 de la falta de esperanza que abole duermevelas socialistas en proceso de desintegración de las marmotas que protestan en la esquina. Despertar, para leerte, es un placer analretentivo del que también sufren los mejores coleccionistas. ¿Has encontrado el Fabergé que te faltaba, el de las águilas imperiales invertidas que se frotan las crestas que llevan -según Jellinek- tatuadas en la cabeza? Me imagino que hace frío, pero no te preocupes, la semana que viene voy a Seattle y te juro que lo busco; si es que primero no me encuentran.
Besos negros hasta el amanecer de parte de la otra.

miércoles, marzo 30, 2005  

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