El carrito de laundry o los motivos de mi culillo
La nonagenaria, porque tenía que serlo igual que la millonaria señora que venía a ver al hospital, no parecía millonaria pero sí entrada en años y pasmada en la historia de la moda, a-la-post-guerra-mundial, la segunda. Antes de que la pesada puerta con acceso limitado para portadores de carnets magnetizados con foto digitada -la green card de los que aquí laboran-, y el letrero rojo de STAFF ONLY cerrara a mis espaldas, la diminuta señora, suéter encogido a su espalda pesada y pañoleta apretando su arrugada cara como cualquier little old lady salida de la tele en blanco y negro, me dice let me get in, demandando sin un please, please que la porfavoreciera. Y yo le digo I'm sorry, pero esta entrada es sólo para empleados y ella me dice con la mirada de ojillos de la tan clicheteada ratoncita asustada, que quiere entrar para ver a la señora que todos conocemos, la nonageriana que es su amiga me repite, la doña que donó los millones para la ampliación del edificio y que se ganó los titulares periodísticos que hoy descansan y se amarillentan enmarcados en el bulletin board del pasillo central. Y yo, que por mi declaración anual que sobre discreción profesional he jurado obedecer al pie de de letra como si fuera necesario, más que por recursos de ficcionaje disparatado, decido aquí mantenerla en el anonimato, pues de descubrirse mi presunto desacato, me podrían botar como bolsa de mierda del lugar al que le he dedicado la mitad de mis años y que las reformas que trajo el Nueve Once todavía me dan culillo al tan solo pensar que alguien no autorizado tenga acceso a mi récord médico o llegue a enterarse de los motivos por los que mi médico no tiene lo que aquí le llaman privileges, o sea que no puede practicar en éste y sí en otro hospital, o por qué me he negado donar sangre todos éstos años durante los tan humanitarios annual blood drives. Aparte, un minuto antes me he cruzado con un alcahuete administrativo, el apuesto moreno que dejó de serlo después que supe que se había casado, y no sé si es una trampa bien plantada, pero al mirar lo veo al fondo del corredor hablando o disimulando platicar con un colega, cámara de circuito cerrado -de seguro grabando- colgando del techo, apuntando en mi dirección, que es la puerta de salida. ¿Qué me queda sino decirle a la anciana que la entrada principal está al doblar de la nueva e impresionante ampliación tipo hotel de lujo que mandó construir su amiga, la que convalece arriba? Que tiene que pasar por la entrada principal donde le pedirán registrarse y anotar el nombre de la persona que visita, frente a envejecientes voluntarios celosos vestidos de rosado queer, quienes de seguro si es quien dice ser, la deben conocer muy bien, y la dejen pasar sin auscultar remilgos o advertirle protocolos aprendidos de memoria. Que ya sé, señora, que es una distancia considerable que demanda energías de su enteco cuerpo y además, ahora que me fijo bien, debe permitir que le inspeccionen el carrito que lleva, metálico como de lavandería, lleno de bolsas plásticas con lo que presumo sea comida casera o pantaletas limpias o pasta dentífrica o una combinación de los anteriores, o a saber qué cosas las que viene arrastrando. Que las nuevas medidas de seguridad demandan que se haga chequear por las personas que, insisto, después de lo que pasó hace un par de años, fueron empleadas, o utilizadas si son voluntarias, para ese propósito. Y ella, que ¿qué pasó hace un par de años, young man? Y yo, halagado a mis cuarenta pero con la paciencia jodida, me digo: Shit,that's it!, y después de mirar al fondo del pasillo más allá de la pesada puerta de cristales fortificados, donde el dúo dinámico sigue vigilando, me alejo desistiendo en ayudarle a empujar su carrito de laundry.
A la mañana siguiente sonrío al ver la inmensa mole arquitectónica aún de pie, fulgor de ventanales ahumados espejando un nuevo sol. Paso mi ID por la rendija, como una tarjeta de crédito con tasa porcentual anual variable, que me conduce al amplio, aséptico, climatizado, hermético y seguro recinto laboral donde pasaré las próximas ocho horas ganándome la vida y ayudándole a otros a ganar las suyas. Al menos eso espero.
© 2005 José Oquendo
A la mañana siguiente sonrío al ver la inmensa mole arquitectónica aún de pie, fulgor de ventanales ahumados espejando un nuevo sol. Paso mi ID por la rendija, como una tarjeta de crédito con tasa porcentual anual variable, que me conduce al amplio, aséptico, climatizado, hermético y seguro recinto laboral donde pasaré las próximas ocho horas ganándome la vida y ayudándole a otros a ganar las suyas. Al menos eso espero.
© 2005 José Oquendo


4 Comments:
debes leerte el cap.23. necesito que lo hagas y me digas que opinas de el.en otras notas, como estas mano? todo bien? me encantan tus comentarios. gracias por haber leido la columna cap. 25. "Marilyn" es el nombre tipo que los golfistas del sur de estados unidos le poenen a sus palos. "Lucia" es el nombre que los jugadores de billar le dan a sus palos en elnorte de los estados. me tripean ambos, pero me gusta mucho mas marilyn. el tripeo de la nota es la musica del desaparecido cantante. me disfrute mucho tu comentario. espero que estes bien.
Que si leí el 23, preguntas. Claro que sí. Recuerda que soy asiduo. Y el 22 y el 21 y el 20, seguido de las etcéteras correspondientes. Oye, lo de Marilyn y Lucía, me llega. Me imagino a las dos chicas con sus palos largos pisando la y en la guardarraya de la Mason-Dixon Line. Sobre mí, estoy bien, jodido y contento, solo y acompañado, trabajando como loco para pagar renta y deudas, soñando con carro nuevo y vacaciones y libros, muchos libros, publicados o inéditos. Nada fuera de lo por algunos llamado normal. Tu 23 me recuerda que no todo es besuquéo de babas y lenguas en este mundo y que necesitamos escritores como tú capaces de llevar la creatividad más allá de la cotidianidad. Exprimirla hasta lo máximo. De ampliar lo haría bajo la 23. Un abrazo. Nos seguiremos leyendo.
acabo de leer tu columna del carrito del laundry. no sabia que tambien tenias, eh... V... alentia... Ironica... Hermetica! Que mal que salio... anyway. me gusto mucho como trabajas lo fastidioso de los procesos y protocolos bruocraticos, y lo ironicos que son. tu columna podria facilmente convertire en un cuento y seria genial, tiene muchas implicaciones, y damucho que pensar. me gusta. nos seguiremos leyendo.
P.D. cuando tires tu priemr libro TIENES que venir a Puerto Rico a presentarlo.
P.D. 2: tienes el link para el site del escritor travesti "mis shangay lily"? me acaban de prestar su novela Machistofeles. me ha dado mucha risa la portada. esta bien chula. check it out.
take care dude, un beso y un abrazo entre parrafos.
La mayor parte de mis escritos son más embuste que realidad. Como tú, le veo potencial de cuento al escrito interior. Ya me imagino a la anciana entrando al edificio como Juan por su casa, carrito y todo. Como la conocen... Y si resulta que en vez de panties limpios y comida casera lleva otra cosa. El porqué sería lo más misterioso del relato. Gracias por ampliar mi visión con tu comentario.
Tengo una narrativa larga en carpeta que no he tocado desde enero. Aunque el argumento está completo, necesito refinarla. Pero de terminarla a publicarla hay un gran trecho.
La página oficial de Miss Shangay Lily es www.shangaylily.com . Ahi puedes leer, entre otros, varios artículos de prensa que sobre su Machistófeles. Interesante. Provoca leerla.
Cúidate. Nos seguiremos leyendo.
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