domingo, mayo 01, 2005

Sobre objeciones y revanchas

(Nota del editor: El siguiente relato de ficción fue enviado a nuestra redacción por Severino Sánchez, asiduo colaborador de la sección Entre letras te veas, de Isla Larga Ilustrada. Aclaramos que cualquier parecido a personajes vivos o muertos, o hechos presentes o pasados, en Long Island o en cualquier otra parte del mundo, es pura coincidencia.)

Javier repasó por enésima vez los textos en el corrector ortográfico y confirmó los datos históricos citados con la meticulosidad acostumbrada desde que se rajó como editor después de publicar en 1990 un editorial contra la propuesta de ley del English Only que se disputaba en la legislatura del condado de Suffolk. Fue cuando descubrió que no era bueno para multitasking o como dijeron muchas abuelas fallecidas: no podía asar dos conejos a la vez. Había deletreado mal el nombre del proponente de la ley que, al final, con editorial o sin el, fue derrotada.
De día trabajaba como transportista de pacientes en la sala de fisioterapia de un hospital local y de noche, sin descanso y hasta la madrugada, escribía, corregía, cortaba y pegaba textos, pocos originales y muchos fusilados con tijeretazos virtuales, para que El Neoyorquino saliera cada jueves, como había dispuesto desde su fundación cuatro años antes en el comedor de la sala de su apartamento en Mineola.
Como el leal jornalero de las letras que así se consideraba, mantuvo comunicación con Ramiro, que le remplazó como editor general y le enviaba de vez en cuando notas de opinión sueltas o noticias de acontecimientos políticos de última hora a la que no tenía acceso un semanario sin reporteros. Como no cobraba un centavo o, mejor, no le pagaban por sus colaboraciones, las mismas siempre eran bienvenidas. Esta vez no anticipaba problemas. Había trabajado durante las últimas semanas para Esta Isla Nuestra, su nueva serie reporteril de historias locales tal cual acordado con el editor en quien Rafael, el dueño, después de la renuncia irrevocable de Javier, había depositado toda su confianza.
Esperó con ansias la impresión casera de cada página de cada artículo. Los leyó, lapicero en mano, tachando aquí, rescribiendo allá. Se los llevó al baño para leerlos en voz alta en espacio reverbero que le recordó, mientras cagaba, su brega efímera de locutor frustrado. Ya los había dejado fermentar por unos días, los de sus vacaciones, mientras disfrutaba de viajes cortos por Long Island, los únicos asequibles desde que se separó de Roberto Villanueva y tomó total responsabilidad por el pago del apartamento que otrora habitaron juntamente en Westbury. Sus escritos se merecían la más resonante vibra, pensó después de carcajear al dejar escapar un resonante pedo.
La ruptura con Beto, que así llamaba a su ahora ex, y su obstinada negación a no rendirse ante una relación inmediata y pasajera que el despecho le trajera para consolar su arrechera, le brindaron tiempo para rexplorar el oficio que parecía llamarlo insistente.

LOS ÚLTIMOS DÍAS CON GABRIELA

Cuando Gabriela Mistral se refugió en la villa de Roslyn Harbor, su estado de salud se había deteriorado a tal grado que el médico le aconsejó reposo constante a la poeta y paciencia solidaria a su amiga quien le había abierto las puertas de su residencia suburbana. Antes de morir en el Hempstead General Hospital el 10 de enero de 1957, su recuperación se había esfumado de las mentes de quienes la cuidaron durante sus últimos días, de acuerdo con la que fuera su mucama, quien hoy reside en un nursing home local.
Con lágrimas en sus grises ojos quebrados de cataratas, quien cuidara de la Nóbel poeta relata, por primera vez públicamente, la relación que mantuvieron la laureada chilena y su íntima amiga...

LOS HERMANOS SOMOZA:
DE CADETES PLAYBOYS A PRESIDENTES

Lo que se propuso Anastasio Somoza García al ingresar en 1939 a sus hijos Anastasio (13) y Luis (17) en la hoy cerrada Academia Militar La Salle, en el poblado de Sayville, fue precisamente lo que consiguió: que los adolescentes se prepararan para asumir a su tiempo las riendas de la presidencia nicaragüense por obra y gracia de la dedocracia y extender su dinastía dictatorial.
Sin embargo, en la academia, antes de que Anastasio ingresara a West Point y Luis a la Louisiana State University, los adolescentes llevaron vidas poco ejemplares, según varios compañeros suyos que hoy los recuerdan como foráneos playboys que se ganaron el rechazo de los estudiantes...

THEODORE ROOSEVELT Y LOS COGNOMENTOS

Sin saberlo, una carta que el presidente Theodore Roosevelt le escribió a su hijo Kermit describiendo su visita por Puerto Rico en noviembre de 1906, cuando fue recibido por campesinos deshechos en hospitalidad, inició una fiebre designando cognomentos a ciudades, pueblos y barrios que, un siglo después, sigue expandiéndose sin señales de freno por toda Latinoamérica.
Fue TR el que comparó el fresco clima y la escarpada topografía del municipio de Adjuntas, en la zona cafetalera de la Isla del Encanto, con los encontrados por el presidente en las campiñas suizas. De ahí que se le conociera al pueblo como la Suiza de Puerto Rico, dice la pareja de historiadores Eustaquio Salazar-Preston y Bill Preston-Salazar, en su más reciente libro From Oyster Bay to Panama: the travels of a president.

Cuando Ramiro terminó de leer los artículos no pudo contener las ganas de compartirlos con Rafael.
—Parece que Javi se ha puesto las pilas y está determinado a reiniciar en serio su carrera. Creo que se merece otra oportunidad, —le dijo a su jefe.
—¿Y qué te hace pensar que estos artículos valen la pena? —le preguntó Rafael después de leer los primeros párrafos de cada uno de los textos y bajarse etiqueteramente los bifocales hasta media nariz para enfocar al editor mirón.
—Todos están impecables. Chequé en Google varios de los datos históricos a los que Javi se refiere en los tres artículos y me asombró que nadie haya escrito sobre estos temas antes con la precisión con que él los expone. Y todos tienen que ver con personas unidas a Latinoamérica que han vivido en Long Island.
—¡Pues no se van a publicar así como así! —exclamó con vigor de jefe al tiempo que se los devolvía bruscamente. —Fíjate no más. Desde el comienzo se notan las líneas de su pensamiento ambivalente, de su actitud cuestionable: los últimos días de una poeta gloria de América de quien a saber por qué razones se ha cuestionado su sexualidad en ensayos y libros, la historia secreta y libidinosa de dos adolescentes antes de convertirse en presidentes de Nicaragua y, por último y como si fuera poco, el libro más reciente de la controvertida pareja de autores maricas más famosa de Fire Island. Y aparte, ¿a quién putas le interesan los cognómetros?
—Rafa, respeto mucho su opinión, pero desde mi punto de vista, no hemos recibido colaboraciones tan bien logradas como las de Javi en mucho tiempo.
—No me gustan para nada. Que las rescriba. Indícales mis objeciones. Cuando te las envíe de nuevo, quiero leerlas antes de tomar una decisión final. A ver—prosiguió asumiendo una posición prepotente de jefe inescrutable y cambiando de imprevisto el tema—, quería preguntarte cómo quedó el perfil de los negocios que de la Agencia Multiservicios del Inmigrante que te encargué.
—Quedó muy bueno, ya, ya lo edité —titubeó el editor. —Sólo me falta seleccionar las fotos y estará listo para la edición de mañana.
—Envíamelo a la computadora que quiero leerlo. Sabes que está en juego un jugoso contrato exclusivo. Esta oportunidad no se puede dejar pasar por alto.

—Pues mejor así —le contestó Javier de sopetón a Ramiro cuando éste lo llamó para enterarle del rechazo. —Que coma mierda el Rafa, que para publicar hay otros medios y Long Island está saturada de periódicos que acogerían un escrito mío sin pensarlo dos veces, nada más por darle por los güebos a la competencia. Si se los envié a El Neoyorquino y no a sus clones es por los lazos amistosos que hasta ahora me unieron a ustedes y al periódico.



La semana siguiente apareció publicado íntegro, sin una palabra más y sin una menos, el primer artículo de una serie, el de los últimos años de la poeta, en La Voz Isleña, rompiendo récords de lecturas y comentarios en la página Web del semanario. Diarios de Santiago, Buenos Aires y Montevideo solicitaron y consiguieron permiso para republicarlo. Los otros artículos corrieron igual suerte. Hubo llamadas y correos desde Managua, del DF, Panamá y La Habana. Y algunos hasta pagaron en dólares. Versiones en inglés fueron vendidas con exclusividad al Latino News Syndicate.
Feliz de haber logrado reiniciar su vida como periodista, Javier dejó el trabajo de transportista en el centro de rehabilitación después de publicar por primera vez en un medio hispano en Estados Unidos y con mayor despliegue de detalles que los medios anglos, la siguiente noticia:


ARRESTAN A CONOCIDOS COMERCIANTES HISPANOS
Dos reconocidos empresarios y un empleado de un centro de salud condadal fueron arrestados y acusados de apropiación ilegal de documentos médicos de clientes de una agencia de servicios y seguros a inmigrantes hispanos, al concluir una investigación conducida por la Fiscalía de Distrito del Condado de Nassau. Rolando Evangelista, propietario de la Agencia de Servicios al Inmigrante, y su socio de negocios Rafael Cáceres, quien también es dueño del semanario El Neoyorquino, ambos de Hempstead, fueron detenidos ayer por agentes de la uniformada mientras almorzaban en un restaurante en el centro del poblado.
También fue arrestado Roberto Villanueva, un especialista en archivos médicos del Centro Médico Metropolitano quien, según fuentes allegadas a este semanario, se convirtió en pareja doméstica de Cáceres durante una ceremonia civil efectuada en una corte de Hartford, CT, el pasado mes...

© 2005 José Oquendo


1 Comments:

Blogger elijah snow said...

lo de gabriela mistral es corto crotito pero me estremecio... que fuerte!!!!!

lunes, mayo 09, 2005  

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