jueves, junio 02, 2005

Never again, you hear me!

Espárragos podridos. Tomillo limoso. Leche cortada. Cilantro apestoso. Mayonesa expirada. Setas con hongos. Todo lo boté a la mierda esta tarde.

La carne se salvó por unas horas y varios minutos, según la fecha de vencimiento etiquetada. La mandé de cabeza al freezer antes de que se cocine y se consuma sola.

Los huevos de granja de suburbio - que por estos lares no es barrio pobre -, coloraditos por fuera y amarillitos por dentro, que me regaló Angela, descansarán en la nevera. Comparto con ella una no sé de dónde carajo atracción por los inventos culinarios. ¿Será porque mantengo bien bajita la tele en el Food Channel mientras muevo dedos dibujando letras y algo se me metió en los oídos y me cansé de mantenerlos a room temperature como me sugirió la italiana?

La verdad, la verdad: necesitaba el espacio para acomodar un segundo paquete de Coors Light que me quiero zampar entero mientras leo y escribo, escribo lo que algunos creen es mi diario y leo El amante lesbiano, de Sampedro - recomendado por el bloguero que sabe que esto no es un diario -, esta noche jodida de un jueves con ganas de nadita de nada.

Todo porque - permiso para maldecir - el fucking invitado a mi cena del martes canceló. Se había hartado de sobras de barbecue que un vecino suyo le regaló la tarde del Memorial Day. El hijoeputa glotón se sentía mal del estómago. Esa fue su excusa, que la hago mía.

Memorize this bitch or better yet, make this your own memorial day, le chillé antes de tirarle el teléfono. Never again, you hear me! Never again!

Y él ni chistó, ni contestó, ni gritó, ni jodió, ni se sintió aludido.

Ahora, desde el centro de la mesa está, rodeada de aguacates maduros esperando convertirse en guacamole, mirándome con deliciosos ojos y diciéndome cómeme ya, una piña olorosa, desodorante al natural para mi recinto nicotinoso. Espérate tantito le digo, que aún tengo papas rojas y cebollas y ajo y mantequilla para la tortilla española con los huevos caseritos de la Angela, los que en la próxima levantada de mi pesado culo para abrir otra cerveza, regresaré a room temperature, como se recomienda. Ya te llegará tu turno, si no me duermo primero.

De todas maneras mañana es viernes, día de cambiar la Light por la Corona heavy, de apagar el Food Channel y escuchar la Camisa negra de Juanes diez veces seguidita o de saborear no diez y sí una vez más a Gael García Bernal en La mala educación.

¡Qué bueno que sal hay en la despensa y los limones no se habrán podrido aún! I hope.

Eso sí. El sábado en la mañana iré a comprar a otro mercado. Donde no lo vea.

Me hace daño encojonarme con alguien que no se encojona.

© 2005 José Oquendo

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