viernes, agosto 05, 2005

Paisaje claroscuro

La luz amarilla, casi anaranjada, horizontal como en ocaso, alumbró desde el pasillo su medio cuerpo vertical.

Se abrió la bragueta, se sacó la verga achocolatada, se la peló entre el pulgar y el índice y vació el chorro dorado en un lumínico instante que se explayó con sinfonía de retrete.

Su mitad, iluminada y su otra mitad, oscurecida. Su cabeza brillosa de bucles gominados, inclinada a la izquierda. Sus ojos cerrados, o quizás medio cerrados, ignorando la sombra de su cuerpo como sombra chinesca en la pared. Y una media sonrisa de carnosos labios techados con un bozo aparentando pasar los dieciocho.

Hombro musculoso sesgado a la derecha. Mano fuerte delicadamente sacudiendo y exprimiendo lo que quedaba de su cascada goteando en su prepucio. Un breve escalofrío persiguiendo a un chorrito cantarín. Y unas tetillas diáfanas como montañas madrugadoras.

Al abrir sus ojos, la claridad que había dejado al cerrarlos, se había disipado.

Yo estaba en el umbral. Escuchando su música líquida. Disfrutando su paisaje claroscuro.

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