sábado, diciembre 03, 2005

El regalo

Después de verle el cuero trazándole su costillar, sus ojos de muñeco parpadeantes y como si no le pertenecieran a su cara, inmóvil y barbada, sus testículos colgándole de la pelambre canosa como gotas gigantes y arrugadas a punto de lloverse, y librado ya el sacudón de su imprevista presencia en mi puerta, no supe atinar si traía hambre o sed o las dos cosas, si tenía frío o calor, o sufría de algo que los vivos podríamos remediar o, si a lo mejor, buscaba algo perdido tiempo atrás. De lo que sí estaba seguro era de que treinta y tres años después y mil quinientas millas de donde supuestamente lo enterraron en una tumba sin lápida, hoy, con una nevada del carajo enlechando a Nueva York, como Dios lo había traído al mundo y que de igual manera se lo había llevado, aparecía su aparición pidiéndome sin abrir los labios que fuera a la tienda a buscarle media caneca de ron, como regalo navideño. El estremecimiento me enmudeció y le dije sí y con permiso de un solo y sin decirlo, tal como, estoy seguro, se lo había dicho antes. Era él. Traspasé su cuerpo sin rozarle, sin sentir escalofríos ni tufos de muertos a punto de morirse y salí como alma que lleva el diablo. Al regresar volando como pecador buscando redención y con la de Palo Viejo en mis manos, Juanes cantaba su Camisa negra por enésima vez en el Windows Media Player. Él había desaparecido. Lo eché de menos por primera vez desde mucho antes que le agradeciera a Dios por habérselo llevado y jurado por mi santa madre que no lo extrañaría. Como en vida, no tuve tiempo para pedirle la bendición, ni él tampoco para echarmela. Esa Navidad me emborraché, tal como antes de morir y escuchando al Trío Los Panchos había hecho mi padre. Si me visita de nuevo en ésta, ya le tengo su regalo.

2 Comments:

Blogger Manuel Armando Clavell said...

Excelente micro espiritista. salud a la memoria del difunto y todas las reconciliaciones póstumas.

abrazo cálido al autor hasta aquel frío lechoso.

manuel

lunes, diciembre 05, 2005  
Blogger xavierin516 said...

Clavell, mil gracias por tu comentario. Como ves, sigo tratando. "El regalo" me llegó - efecto de reacción en cadena - después de leer algunos de los sometidos a tu concurso espiritista.

En unos días estaré en la Isla para recargarme de vibras cálidas antes de regresar al invernadero.

Un abrazo,
José, Xavierin, Oquendo, o como me llame hoy

martes, diciembre 06, 2005  

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